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Una Fair Lady italiana libre y no víctima

Serena Autieri protagoniza la obra en Roma.

Redazione Ansa

(ANSA) - ROMA 31 OCT - "Llevaba años soñando con este espectáculo. Luego vino el Covid. Otros compromisos. Fui a Londres muchas veces para verlo. Por fin hoy estoy en el papel de Eliza Doolitle".
    Así se expresa una radiante Serena Autieri, consciente del reto, sobre todo por las elevadas comparaciones: Audrey Hepburn en el cine, Julie Andrews en el teatro y luego Delia Scala en Italia, para la protagonista de My Fair Lady.
    "Las miras, te inspiras. Pero luego", dice, "en algún momento tienes que dejarlas ir o no puedes hacerlo. Pero mi Eliza es la suma de muchas mujeres que he conocido en la vida y también de las que he interpretado".
    Así es como Serena Autieri se convirtió en My Fair Lady, en el musical de Lerner y Loewe basado en Pigmalión de George Bernard Shaw, con libreto y letra de Alan Jay Lerner, que debutará el 3 de noviembre en el templo de la comedia musical italiana, la Sistina de Roma.
    La obra tendrá una puesta en escena dirigida por un director visionario (y mago de la iluminación) como A.J. Weissbard y adaptación italiana de Vincenzo Incenzo. Producido por Enrico Griselli, el espectáculo recalará después en Bolzano y Nápoles, para seguir de gira por toda Italia en la próxima temporada.
    "Es un papel difícil y un espectáculo exigente, sales cansado, pero mejor persona", afirma la actriz, que dota a la pobre florista Eliza, que va a estudiar con el profesor Higgins, un glotólogo de fama internacional, para convertirse en una "verdadera dama", de un hilarante acento "transapennino" en escena.
    "En este musical pasamos del pop a la opereta. Y seamos sinceros, prosigue la actriz, papeles tan completos, con una música tan desafiante, no existen para las mujeres. Por eso me apetecía tanto. Pero trabajamos en el personaje e hicimos de ella una Eliza moderna, nunca una víctima de los acontecimientos o de su destino inicial".
    "Para nosotros era importante -dice el director- que Eliza fuera una mujer inteligente y no queríamos retratar a hombres unidimensionales que transforman a una chica según su propia idea y modelo, sino que ella se cambie a sí misma".
    El resultado es una Eliza "fuerte, libre, consciente y decidida", prosigue Autieri, "que sabe lo que quiere, transformar su vida, y sale a conseguirlo".
    El suyo es un fuerte mensaje de emancipación femenina y redención social. Un poco sí", sonríe, "me recuerda a la Serena de hace muchos años, cuando iba y venía de Nápoles a Roma con mi maleta para estudiar interpretación. Sabía que quería seguir adelante, que quería hacer cosas bonitas. También soñaba con ser arquitecta. Las oportunidades me llegaban, pero mientras tanto yo iba buscándolas. Aquí, el mensaje de Eliza también es: no te quedes en casa. Si quieres cambiar tu destino, no esperes a que otros lo hagan por ti. Actúa tú. Y luego está el derecho a amar, incluso a pesar de las dificultades y la diversidad".
    "Mi Higgins", explica Ivan Castiglione, que en escena es el profesor hostil que, entre lección y lección, acaba enamorándose de Eliza, "es casi una víctima de la incapacidad de ciertos hombres para experimentar sentimientos".
    "La llegada de Eliza es también para él una educación sentimental, que va más allá de las apariencias. Su historia enseña a estar juntos, a amarse", explica.
    Todo cantado en directo, "con 103 trajes nuevos", como subraya la diseñadora de vestuario Silvia Frattolillo, y coreografía de Gianni Santucci, el musical también está protagonizado por Manlio Dovì como el Coronel Pickering, Gianfranco Phino como Alfred Doolittle, el padre de Eliza, Fioretta Mari en una hilarante y aguda Sra. Higgins, y de nuevo Clara Galante y Luca Bacci. (ANSA).
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